
En 1971, el director Luchino Visconti audiciona a decenas de adolescentes escandinavos para encarnar a Tadzio en su adaptación de Muerte en Venecia. Su elección recae en un sueco de quince años, Björn Andrésen, a quien presenta en el Festival de Cannes con una frase que se ha vuelto famosa: «el chico más hermoso del mundo».
Este apodo, lanzado ante las cámaras, nunca ha abandonado realmente a Andrésen. Sobre todo, ha abierto la puerta a un mecanismo que se encuentra intacto hoy en día, amplificado por las redes sociales y los algoritmos.
Puntuación de la Proporción Áurea: cuando la IA otorga el título de rostro más bello
Podría pensarse que este tipo de clasificación pertenece a los años 1970. En realidad, el mecanismo se ha industrializado. En 2026, se utilizó una inteligencia artificial para determinar al jugador más guapo de la Copa del Mundo, calculando un Puntuación de Proporción Áurea basada en las proporciones faciales. El argentino Rodrigo De Paul obtuvo el primer lugar con una puntuación del 74,18 %, seguido de Kai Havertz con un 74,10 %.
El procedimiento es diferente de la intuición artística de Visconti, pero la lógica sigue siendo la misma: aislar un rostro, medirlo, coronarlo. La diferencia radica en la escala. Un director designaba a un adolescente ante una sala de festival. Un algoritmo ahora produce clasificaciones que se difunden a millones de lectores en pocas horas.
Para entender quién es considerado el chico más hermoso del mundo, debemos mirar más allá del caso de Andrésen y observar cómo este título circula, se recicla y se reatribuye a cada generación, con herramientas cada vez más automatizadas.

Björn Andrésen y los efectos documentados de una exposición temprana
Björn Johan Andrésen, nacido en Estocolmo el 26 de enero de 1955, creció sin padre y perdió a su madre, quien se suicidó cuando él tenía diez años. Criado por su abuela, fue impulsado desde muy joven hacia el teatro y el modelaje. El papel de Tadzio llegó a los quince años.
El apodo lo ha seguido toda su vida sin que él lo haya elegido jamás. Los directores Kristina Lindström y Kristian Petri dedicaron un documental, The Most Beautiful Boy in the World, a esta trayectoria. En él muestran a un hombre que ha atravesado la depresión, la precariedad y el aislamiento, directamente relacionados con esta fama sufrida en la adolescencia.
Andrésen falleció el 25 de octubre de 2025 a la edad de 70 años. La causa de su muerte no ha sido hecha pública. Los dos directores elogiaron su valentía y recordaron que aceptó contar su destino «completamente fuera de lo común» en una etapa tardía.
Lo que el caso de Andrésen revela sobre la celebridad de los menores
El problema no es ser juzgado como bello. Es recibir un título público, mediático, a una edad en la que no se tiene control sobre la propia imagen. Andrésen nunca pudo deshacerse de esta etiqueta. Su carrera como actor no despegó después de Muerte en Venecia, pero el apodo continuó circulando en la prensa durante décadas.
Los efectos psicológicos de esta exposición temprana están hoy mejor documentados. La investigación sobre la celebridad sufrida muestra que la falta de consentimiento informado agrava las consecuencias a largo plazo, especialmente cuando la exposición ocurre antes de la edad adulta.
Looksmaxxing y redes sociales: el mito del chico más hermoso hoy
Desde los años 2020, comunidades masculinas en línea han popularizado el looksmaxxing, una práctica que consiste en optimizar metódicamente la apariencia física. El fenómeno afecta principalmente a los jóvenes y se basa en técnicas variadas:
- El «mewing», una técnica de reposicionamiento de la lengua que supuestamente modifica la estructura de la mandíbula con el tiempo
- Rutinas de cuidado de la piel calibradas según análisis faciales automatizados
- El uso de cirugía estética temprana (rinoplastia, implantes mentonianos) desde finales de la adolescencia
Estas prácticas vienen acompañadas de un vocabulario específico tomado de foros angloparlantes, donde los rostros son evaluados según escalas de puntuación numéricas. Se encuentra el mismo mecanismo que la Puntuación de Proporción Áurea, pero aplicado por los individuos a sí mismos.

De Visconti a los filtros de TikTok, un mismo resorte
El denominador común entre el gesto de Visconti en Cannes en 1971 y una clasificación de IA en 2026 es la reducción de un individuo a una puntuación estética. La diferencia radica en la frecuencia y el alcance. Mientras que Andrésen fue designado una vez ante una sala, miles de jóvenes se someten voluntariamente a evaluaciones faciales diarias en las redes sociales.
Las reacciones varían en este punto: algunos testimonios describen el looksmaxxing como un proceso de confianza en uno mismo, otros lo ven como una fuente de ansiedad comparable a la documentada en Andrésen. El contexto ha cambiado, pero no el mecanismo psicológico.
La belleza masculina y los rankings mediáticos: por qué persiste el título
El título de «el chico más hermoso del mundo» funciona porque responde a una necesidad editorial simple: resumir la belleza en una sola persona. Es un atajo narrativo poderoso, que los medios reproducen en cada ocasión.
Tres factores explican su persistencia:
- La belleza masculina ahora recibe una atención mediática comparable a la que durante mucho tiempo se reservó para las mujeres, con clasificaciones dedicadas en la prensa deportiva y del corazón
- Las herramientas algorítmicas (IA, reconocimiento facial) dan una apariencia de objetividad a juicios subjetivos
- Las redes sociales aceleran la viralidad de estas clasificaciones, que generan un compromiso masivo en pocas horas
El resultado es que el título ya no designa a un individuo específico. Circula, se reatribuye, se olvida y luego regresa. Andrésen lo llevó durante cincuenta años. Los próximos quizás lo llevarán unas semanas antes de que un nuevo algoritmo designe a un sucesor.
Lo que permanece constante es el costo para aquellos que reciben este tipo de designación sin haberlo solicitado. El mito del chico más hermoso del mundo cuenta menos sobre la belleza que sobre nuestra necesidad colectiva de medirla, nombrarla y proyectarla sobre un rostro, sin importar el precio para quien lo lleva.